lunes

5 MINUTOS








" Te levantas del asiento justo en el momento en el que el metro vuelve a ponerse en marcha, la próxima parada es la tuya. Vas cogiendo posiciones, observas a ese señor con cartera, he intuyes que quedarse detrás de el es una buena posición de salida. El metro comienza a parar y echas un vistazo a tus competidores. En la frenada final empujas sin querer a una señora y le sonríes como forma de pedirle perdón. Alguien ya le ha dado dos veces a la manivela para abrir la puerta pero aun no se ha dado el pistoletazo de salida. Por fin, la puerta se abre, apartas a algún desconsiderado que no ha entendido lo de "dejar salir antes de entrar" y enfilas las escaleras adelantando al buen hombre con cartera. Las escaleras las subes de dos en dos, y de reojo, observas que una chica, perfectamente maquillada, quiere adelantarte. No lo permites y al cruzar la primera esquina un grupo de niños provoca que tu ritmo se ralentice, debes parar, pero rápidamente coges de nuevo el carril de los que salen. Cinco personas en dos escalones, y te encuentras con el pasillo. Tu mejor velocidad punta te permite adelantar a varios tipos esquivándolos cual maquinita espacial de los noventa. Durante un instante piensas en que algún día te pararas a escuchar a esa pareja madura que todos los días regala música. Te gustaría preguntarles cosas, escuchar una pieza entera y que te cuenten cuanto tiempo llevan juntos... Alguien que te precede apura el ritmo y si dudar sales en su captura. La manada se contagia y todos sin excepción: abuelas, madres con carrito, adolescentes apáticos, ejecutivos repeinados, jóvenes con cascos enormes, ancianos, niños, bajan las escaleras siguiendo el ritmo del cabecilla. Aun en medio de la bajada, oyes que se abren unas puertas y enseguida, una masa de gente perfectamente ensamblada ocupa toda la entrada del andén avanzando en dirección contraria de la dispersa y anárquica manada de pasajeros sustitutos. Frenas, giras bruscamente, pones los brazos para que no te empujen y buscas el lugar adecuado por el que llegar al andén. Te zafas de los últimos rezagados del gran grupo de salida y observas perplejo como el vagón donde vas a meterte no acepta más pasajeros, miras a los lados y acabas tirando a la izquierda, un hueco libre, suena el silbato, entras presionado tu cadera contra los muslos de un señora, te agarras a la barra y rozas con unas manos grandes y peludas. Sujetas tu bolso y percibes nítidamente que el chico que esta pegado a tu pantalón escucha "Bus Stop Boxer" de Eels. ¡Enhorabuena no has perdido cinco minutos!"



ILUSTRACIÓN: Maria Rios Rosas
TEXTO: Valentin Barreira




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