lunes

SABADO DOMINGO






Línea 3 trayecto Plaza de España - Lavapiés

Dos señoras de sesenta juzgan con la mirada a un grupo de muchachos de entre veinte y treinta años. Un joven con maleta deportiva los observa con más desaprobación aun. Un señor mayor va de pie a pesar de haber asientos libres al lado de los chicos y en una esquina una pareja de diecisiete se da arrumacos con muy poca delicadeza. Los chicos ríen, se mueven, hablan, cantan y uno de ellos se recorre el vagón bailando con las barandillas. "Próxima estación Callao" - ¡Shuu! dice uno de los chicos a sus compañeros. En Callao nadie baja pero una pareja de mediana edad entra con gesto serio, el chico bailarín les regala un sonoro buenos días, no dicen nada y miran a todo el vagón. Una de las señoras de sesenta susurra algo con una sonrisa y justo cuando suena el silbato entra un chico con un acordeón. Ha entrado mas gente. La pareja de adolescentes se muestran sus canciones favoritas con los móviles. El vagón se llena en Sol y el acordeón comienza a sonar instalado justo encima de la cabeza de dos niños alemanes que van vestidos igual que su padres. Uno de los chicos de los que se lo pasan bien abre una cerveza lo que provoca que reciba la reprimenda de su amigo bailarín que baila y sonríe al son del acordeón. El señor mayor se decide a sentarse al lado de una bella señorita de unos cuarenta. El joven busca algo en su maleta abstraído de todo con su I-Pod de nueva generación. Los chicos que no ha dormido bajan en Lavapiés junto a las señoras de sesenta, les dicen adiós y su amigo bailarín sale el ultimo al entretenerse a hablar con un chico de color que ríe ante tal escena. El acordeonista le pide dinero a este chico, no le da nada, solo una sonrisa y el músico pone mala cara. Decide intentarlo con el señor mayor pero este esta mas atento a mirar de reojo las sugerentes piernas descubiertas de su compañera de asiento. En Embajadores hay un polideportivo al que se dirige el joven de maleta deportiva....



ILUSTRACIÓN: Micromo
TEXTO: Valentín Barreira


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LAGRIMAS






(...) Cuando voy en la línea 3 siempre avanzo por el andén para montarme al principio del metro. Se que de esta forma al llegar a Lavapiés tendré la salida mas cerca. Estoy en Sol y como siempre a las nueve de la noche, hay mucha gente esperando. Veo lo que ponen en las teles mientras sigo ensimismado con la música que escucho con mis cascos, de vez en cuando echo una mirada a la gente pero pronto vuelvo a fijar mi atención en "los sucesos del día". Una chica baja por las escaleras y se apoya en la pared, va con la cabeza gacha y su mano cerrada en puño se incrusta entre sus labios. Levanta un poco la cabeza y mira para los lados, esta buscando, buscando algo dentro de ella. Coge un pañuelo y se lo pasa por los ojos, sigilosamente, escondiéndose. Intuyo que esta llorando pero desde mi lejanía provocada por la preciosa canción que estoy escuchando no llego a saberlo con certeza. Me sale observarla pero no quiero que se de cuenta, solo quiero mirarla. Llega el metro y ella entra por una puerta diferente a la mía, esta muy lleno pero logro colocarme en un lugar desde el que puedo seguir viéndola. Ya no es ver lo que quiero, es abrazarla, es preguntarle que le pasa y sacarle una sonrisa, escucharla. Su imagen aguantando la lagrimas entre tanta gente aislada en sus mundos (yo el primero) me abruma y me produce cierta pena, ¿Quien me da pena ella o el mundo?. Esa linda chica que pronto pedirá que le llamen señora llora por dentro, se tapa con un pañuelo y mira para abajo intentando disimular, porque sabe, que unos desconocidos la estamos mirando. A algunos nos hubiera gustado cambiar el guión de todo esto por unos segundos y poder darle ese abrazo o esa ostia que necesitaba...También puede ser que todo sea puro egoísmo.(...)


ILUSTRACIÓN: Micromo
TEXTO: Valentín Barreira


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LA TRISTEZA DEL LIBRO







No me das importancia, para ti simplemente soy un pasatiempo.
Me expones a miradas ajenas, me utilizas cuando te conviene.

Nunca me has llevado al mar ni a la montaña
nunca te has parado a acariciar mi portada

Me gustaría que pensaras un poco que puede que,
mientras tu me lees, yo me este mareando

No me gusta que nadie me toque mientras fijas tu mirada en mi
no me gusta que te distraigas mirando para otro lado mientras estoy abierto.

Ojala algún día podamos compartir intimidad,
descubrirías mi verdadero valor

Me has comprado para tener algo de que hablar en el trabajo
y mientras tanto yo sigo esperando a que te comuniques conmigo

A veces, incluso llevas los cascos puestos
y no puedes escuchar mi llanto.

Se que cada vez que traspasas la puerta
te olvidas de mi hasta la próxima vez que no tengas nada que hacer.

Recuerda que los Libros
no somos una consecuencia sino una causa.



ILUSTRACCIÓN: María Rios Rosas
TEXTO: Valentín Barreira


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GOFRES






(...) Durante un tiempo al hacer el transbordo en Sol entre la línea 1 y la 3, un olor a gofre inundaba los túneles por los que grupitos de gente salen, entran, van de un lado a otro. En los intercambiadores de metro casi nadie esta parado, todos se mueven, se miran, se rozan y siguen. El olor se hacia cada vez mas intenso al subir las escaleras y llegar a ese puesto de gofres y sabe dios que otras chucherías. Al pasar delante de él, siempre bajaba un poco mi ritmo para disfrutar de ese olor que me gusta a pesar de no gustarme el sabor de los gofres y veía que hacían las dos mujeres sudamericanas que atendían al personal. No lo duden en la hostelería ya casi solo trabajan extranjeros y deberíamos ser agradecidos. Un día, con esas dos mujeres había una chica muy guapa, jovencita, morena alta y delgada. Una chica, que al mirarla, te la podrías imaginar trabajando de diseñadora, dependienta de un tienda de Serrano o respondiendo a test súper inteligentes en revistas de tendencias, pero no, aquel era su trabajo y ella sonreía. Desde aquel día ya no solo bajaba el ritmo sino que me paraba a observarla, siempre atenta, siempre sonriente, con una expresión entre pícara, apasionada y responsable. Ella nunca se dio cuenta de que la observaba porque una marea de gente siempre se interponía entre mi mirada y la suya. Era una chica que daba gusto ver, trasmitía una sencillez abrumadora, un encanto evidente y además, o realmente, era muy guapa. Que le voy a hacer, me gustan las chicas guapas. Durante días pensé en empezar a pararme todos los días para coger un gofre esperando a que algún día me convirtiera en cliente habitual y pudiéramos decirnos algunas palabras. Novelé mucho con esa posibilidad pero pasaba un día, pasaba otro y me daba vergüenza o estaba pensando en otras cosas. El día en que estaba decidido a hacerlo, ella no estaba, me olvidé, y cuando decidí hacerlo bien de una vez por todas y acercarme sin mas y decirle algo, la estación de Sol se puso en obras y en mi camino desapareció el olor y el puesto de gofres. (...)


ILUSTRACIÓN: Micromo
TEXTO: Valentìn Barreira



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FUNAMBULISMO






Tengo el abono, hace frío y decido coger el metro,es más, me apetece. Llego a Sol y me dirijo al andén de la línea dos. Hay bastante gente esperando. Una chica pasa por delante de mí, me fijo en ella y observo cómo anda de un lado a otro del andén pisando la línea de seguridad, bordeando el límite del mismo. En primer lugar no le presto demasiada atención, estoy ensimismado escuchando música con los cascos pero a la tercera vez que pasa a mi lado comienzo a mover mi cuerpo al ritmo de la música intentando que esto se convierta en una señal para que me mire. El metro sigue sin pasar, cada vez se junta más gente en el andén y a la chica le resulta más difícil continuar con su paseo. En uno de sus viajes se para delante de mí para dar la vuelta y proseguir, aprovecho esta situación para sonreírle y mirarla detenidamente, no se inmuta, tiene la mirada perdida, los ojos vidriosos y el rostro serio, casi inexpresivo. Ya no puedo dejar de observarla esquivando a la gente para poder seguir llevando a cabo su especie de funambulismo sobre tierra firme. Me imagino interponiéndome en su camino para decirle con una sonrisa : "Señorita, debe pagar el peaje" pero no lo hago. En cierto modo me atrae, no por guapa, sino porque me da miedo. si estuviera quieta ni la miraría, pero no veo explicación a sus paseos y me han entrado unas enormes ganas de saber quien es, de saber qué pasa en su cabeza. Esa mirada al vacío no es normal. Entra el metro que va en la dirección contraria al que nosotros esperamos, ella se detiene a poca distancia de mí y fija su mirada en las ruedas. Una mirada que no parece de este mundo, miro a mi alrededor y no llego a comprender cómo nadie más se fija en ella. Intento sonreírle, que me mire. Estoy asustado porque me da la impresión que esta chica quiere tirarse a la vía en cuanto llegue nuestro convoy. Empiezo a preocuparme sin hacer nada, sin quitarme los cascos, miro nervioso a mio alrededor, sólo veo gente y más gente esperando con cara seria y una chica que sigue caminando de un lado al otro del andén con rostro serio y triste. De vez en cuando levanta la mirada y suelta una mueca de desesperación, casi imperceptible, hacia ningún lugar. Quiero decirle algo pero no hago nada. Por momentos creo que se ha fijado en mí, por momentos me preocupa, por momentos me gustaría decirle algo... sigue con sus pasos firmes y ante la dificultad de sobrepasar a un grupo de chicos jóvenes noto que se pone nerviosa y se mete por una salida para volver al instante por otra. ¡ A esta chica le pasa  algo y nadie se está dando cuenta! Mi preocupación crece al notarla frágil y desorientada entre la muchedumbre, cada vez la aglomeración de gente es más insoportable. El metro no llega  y casi no hay espacio para moverse, ella sigue intentándolo. Vuelve a pasar a mi lado, sigo sin quitarme los cascos pero intento con todas las fuerzas, mediante gestos inapreciables, que se fije en mí, que me diga algo. Me apetece cogerle la mano sin decirle nada, salir fuera. Me apetece ponerme a andar como ella y cruzarnos como si de una coreografía se tratase, pero es imposible, aparentemente estas en el mismo lugar pero sólo es un espejismo, yo estoy en un país de cinco minutos de sonido y treinta minutos de silencio y ella ... Ella sabe Dios dónde está, pero seguro que más lejos aún que yo. Por fin llega el tren que esperábamos y la pierdo de vista, me pongo nervioso, dejo que pase todo el mundo antes que yo, levanto la vista, miro a la izquierda, a la derecha, no está, ha desaparecido y no la he visto entrar porque no ha entrado, puedo jurar que no ha entrado. Suena el silbato y me meto como puedo en el vagón-lata de conserva, se cierra la puerta, echo una ojeada al andén, no hay nadie, el metro echa a andar y.... La oscuridad. Golpeo mi cabeza contra el cristal observando mi reflejo, giro la cabeza, veo a la gente que espera llegar a su destino... ¿Dónde se habrá metido? por un momento me imagino que me la voy a encontrar esta noche. ¿Quién era esa chica? ...



ILUSTRACIÓN: María Ríos Rosas
TEXTO: Valentín Barreira



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NORTE SUR







- Teníamos dieciséis, estaba loco por ti, pero he de reconocer que ahora estas aun mas guapa. Todos los días a la misma hora coincidimos en esta parada de metro, tu vas hacia Chamartín y yo hacia Atocha, desde siempre, hemos elegido caminos diferentes. Varias veces has mirado hacia mi al sentir que te estaba observando, pero me he dado cuenta de que tu no me recuerdas. Debes de pensar que soy un mirón descarado. Es posible que algún día decidas dejar de coger el metro y vayas en autobús por miedo a que sea un acosador, pero no puedo dejar de mirarte cada mañana. No puedo dejar de pensar en que hubiera pasado si en aquella excursión de 3º de BUP...

- Hoy llevas un vestido precioso y por primera vez desde que te observo te has sentado en un banco a esperar. Ayer ibas cargada con bolsas de El Corte Inglés. Podría cruzar las vías, acercarme a ti y decirte quien soy, a lo mejor te gusta saber de mi, pero a partir de ese momento nos saludaríamos y no podría mirarte como te miro ahora, escondido en el anonimato.

- Llevas unos días sin aparecer por el andén, ayer llegué tarde al trabajo porque dejé pasar tres trenes esperando a que aparecieras acalorada en busca de ese metro que te deje a tiempo en tu lugar de trabajo. A lo mejor te han destinado a otra parte o te has mudado de casa.

- Te he vuelto a ver, esta vez dentro del vagón que me llevaba a casa después de una dura jornada de trabajo. Estabas sentada con cara de cansancio. Entre tu y yo una masa de gente apretujada por esa manía de ponerse cerca de la puerta. Me cuesta verte, estoy decidido a molestar a toda esa gente que esta entre nosotros para acercarme y saludarte, me lleno de valor pero tu te adelantas. Te levantas, creo ver que alguien te ayuda, le das un beso a un chico bien parecido y le quitas de las manos el carrito que lleva a vuestro bebe.
Solté una sonrisa, me alegré por ti. Mañana mismo me compro una moto con la que ir a trabajar.




ILUSTRACIÒN: Maria Rios Rosas
TEXTO: Valentin Barreira




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FESTIVALES





Móvil, ducha, café, miras el correo electrónico, te pones los cascos y sales... Esto va para ti, no lo dudes, no mires a tu alrededor, habrá muchos que estarán haciendo lo mismo. A veces, en momentos como el de ahora piensas en porque coño te viniste a Madrid, y te lo diré: tenias sueños y seguramente, alguno, lo habrás cumplido. Quien te diría a ti que conseguirías todo lo que tienes, olvídate de crisis, olvídate de lo que aun quieres hacer, ¿Te das cuenta de lo que has conseguido? Lo sé, aun puedes hacer más, pues ¡Hazlo! Pero ahora escucha la música que sale de tus cascos, mira a la gente que va en este vagón. Cuantas historias ¿Verdad?. No te engañes, los verás, los juzgarás al mismo ritmo que vaya lo que escuchas con tus cascos. Dale para adelante a tu I-Pod, busca esa canción, esa canción que suena bien en el metro pero en casa nunca escuchas, quédate mirando por la ventana, disfruta del hecho de que el metro no ofrece paisaje, ¡Invéntatelo! y ahora, vas a recordar esos momentos que nunca somos capaces de recordar: Estas pedo, te acabas de pillar otra cerveza y alguien te ha invitado a algo, la temperatura es cojonuda, tienes espacio para bailar y el grupo que toca ahora mismo en este festival esta lo suficientemente cerca como para sentirlos, miras al cielo, estás tan bien, tan colocado que no vas a acordarte de esta sensación pero es importante que ahora la recuerdes, porque sin saber porqué, en aquel momento eres feliz, te sientes libre, ¡Recuérdalo coño! Y si quieres comparte una sonrisa con el que quiera mirarte metido en este metro, el de todos los días. ¡Cuantas cosas te gustan en ese momento! Como estas disfrutando... Estás tan bien que no piensas que tengas que guardar en la memoria esas sensaciones, estás tan bien que quieres compartirlo, tienes algunos amigos cerca y ellos también te dan calor. Te da calor la música, la gente, lo que te hayas tomado pero sobre todo tú. Suena ese estribillo y lo cantas, lo bailas, te ríes y lo compartes con alguien que esta a tu lado y cuando acaba la canción te pierdes y acabas con cualquiera. Con cualquiera que en ese momento son, y todo, porque en las películas dicen que esas son las cosas que nos gusta vivir.... Ahora vas solo en el metro, sólo vas en metro, no te despistes pronto tendrás que bajarte. A lo mejor este escrito no esta aquí mañana, lo hemos puesto a escondidas así que cuando bajes sigue recordando ese festival, sigue pensando que tu curro es una mierda, sigue pensando que deberías ponerte menos pedo, sigue montándote películas, sigue pensando lo que quieras. Piensa, recuerda, actúa... Si has llegado hasta aquí es muy posible que formes parte de una generación tan inconformista que lo único que hace es conformarse. ¡Atención! estación en curva, tengan cuidado de no introducir el pie entre coche y andén...



ILUSTRACIÓN: Micromo
TEXTO: Valentin Barreira



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5 MINUTOS








" Te levantas del asiento justo en el momento en el que el metro vuelve a ponerse en marcha, la próxima parada es la tuya. Vas cogiendo posiciones, observas a ese señor con cartera, he intuyes que quedarse detrás de el es una buena posición de salida. El metro comienza a parar y echas un vistazo a tus competidores. En la frenada final empujas sin querer a una señora y le sonríes como forma de pedirle perdón. Alguien ya le ha dado dos veces a la manivela para abrir la puerta pero aun no se ha dado el pistoletazo de salida. Por fin, la puerta se abre, apartas a algún desconsiderado que no ha entendido lo de "dejar salir antes de entrar" y enfilas las escaleras adelantando al buen hombre con cartera. Las escaleras las subes de dos en dos, y de reojo, observas que una chica, perfectamente maquillada, quiere adelantarte. No lo permites y al cruzar la primera esquina un grupo de niños provoca que tu ritmo se ralentice, debes parar, pero rápidamente coges de nuevo el carril de los que salen. Cinco personas en dos escalones, y te encuentras con el pasillo. Tu mejor velocidad punta te permite adelantar a varios tipos esquivándolos cual maquinita espacial de los noventa. Durante un instante piensas en que algún día te pararas a escuchar a esa pareja madura que todos los días regala música. Te gustaría preguntarles cosas, escuchar una pieza entera y que te cuenten cuanto tiempo llevan juntos... Alguien que te precede apura el ritmo y si dudar sales en su captura. La manada se contagia y todos sin excepción: abuelas, madres con carrito, adolescentes apáticos, ejecutivos repeinados, jóvenes con cascos enormes, ancianos, niños, bajan las escaleras siguiendo el ritmo del cabecilla. Aun en medio de la bajada, oyes que se abren unas puertas y enseguida, una masa de gente perfectamente ensamblada ocupa toda la entrada del andén avanzando en dirección contraria de la dispersa y anárquica manada de pasajeros sustitutos. Frenas, giras bruscamente, pones los brazos para que no te empujen y buscas el lugar adecuado por el que llegar al andén. Te zafas de los últimos rezagados del gran grupo de salida y observas perplejo como el vagón donde vas a meterte no acepta más pasajeros, miras a los lados y acabas tirando a la izquierda, un hueco libre, suena el silbato, entras presionado tu cadera contra los muslos de un señora, te agarras a la barra y rozas con unas manos grandes y peludas. Sujetas tu bolso y percibes nítidamente que el chico que esta pegado a tu pantalón escucha "Bus Stop Boxer" de Eels. ¡Enhorabuena no has perdido cinco minutos!"



ILUSTRACIÓN: Maria Rios Rosas
TEXTO: Valentin Barreira




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ENTRE LINEAS







Si llegas, no digas nada.
si llegas, siéntate donde estés mas sola
si llegas, espérame contando las estaciones
si llegas, quédate
si llegas, me daré cuenta
si llegas, habrá merecido la pena
si llegas, seré feliz
si llegas, te observare desde lejos, escondido, asustado...
Si llegas...
es posible que no vuelva.




ILUSTRACIÓN: Maria Rios Rosas
TEXTO: Valentin Barreira





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domingo

ENMETROMETIDO





ILUSTRACCIÓN: Maria Rios Rosas






AGRADECIMIENTOS:

Alex,David,Artur,María,Gema,Enrique,Pili,Ramón,Juanjo.....
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